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viernes, 10 de junio de 2016

"La falta de concentración envenena el talento" Entrevista de Gerardo Domínguez a Juan María Solare



¿Por qué decidiste ser artista?

Porque descubrí que desde un escenario puedo transmitir energía, y que la gente no sólo disfruta de una agradable combinación de sonidos, sino que capta cierta irradiación que fluye de un alma a otra, o de un cuerpo al otro. No quiero parecer místico, es una simple constatación experiencial.

¿Cuándo decidiste ser artista?

Uno no toma decisiones vitales de una vez para siempre, sino que las toma una primera vez y después las va confirmando (o rectificando) cada tanto, con grados cada vez más profundos de madurez – o de resignación. Como punto de referencia, cuando estaba en los últimos años de la escuela secundaria, y los demás compañeros comenzaban a plantearse seriamente qué carrera universitaria seguir, ya sentía que mi decisión había sido tomada bastante antes.

¿A qué edad nació esta pasión por la música que tenés?

Es casi como preguntarme a qué edad me surgió la pasión por respirar. La música me resulta un lenguaje innato y natural, como una lengua materna. Sospecho que la educación familiar tiene que haber influido grandemente, porque no puedo recordar una edad en la que no existiera música en mi vida.

¿Cuántos años tenías cuando comenzó tu camino en la música?

Según cuándo establezcamos el punto de partida. Me recuerdo de muy chiquito (4 o 5 años) tocando melodías sencillas en el piano de casa. El teclado me llegaba a la altura de la nariz, imaginate mi estatura. Si no me aupaban, no veía las teclas. Y reconocía las notas por las irregularidades del marfil de las teclas.

¿Tus padres te apoyaron en este camino artístico?

Muchísimo, particularmente mi madre. En la economía doméstica, el sueldo de papá iba a comida, ropa, casa; y el de mamá iba a nuestra educación (somos tres hermanos). No todo se explica por el dinero, claro, pero cuando una familia decide invertir el 50% de sus ingresos en la educación de los hijos, es que realmente le importa. Además, el estar al lado tuyo, el ayudarte a estudiar, el llevarte y traerte de las clases, el encontrarte un maestro adecuado. Y seamos sinceros: como todo chico, no siempre tenía yo ganas de estudiar, entonces el impulsarte a hacer lo que en el fondo querés hacer pero lo postergás porque no aún aprendiste a disciplinarte. Como padres, es muy difícil saber si al pibe no le interesa para nada estudiar música o bien sí le interesa pero simplemente tiene fiaca. La línea divisoria es muy difícil de encontrar.

¿Cuántos años ya llevás arriba de los escenarios?

Esta es fácil: 38. Mi primer concierto completo lo dí en el colegio "Santa Faz" de Lanús el 20 de octubre de 1980. Cierto que antes ya había participado en varias audiciones internas del Conservatorio Nacional de Música. La más antigua que he documentado es del 20 de noviembre de 1978. Mi maestra de piano (María Teresa Criscuolo) era de la idea que un artista se forma sobre el escenario, y ya desde el primer año de estudios nos hacía tocar en público, nos gustase o no. A mí me encantaba ya de chiquito estar en un escenario. Un poquito de Narciso, ¿verdad? Que como verás no se me ha pasado. Pero es un Narciso sano: se canaliza por donde debe, creativamente (eso afirmo yo, claro).

Me imagino que en todos estos años debemos tener mil anécdotas ¿Cuál es la que más recordás, que hoy nos puede robar una sonrisa?

Tras un recital en el desaparecido Auditorio Promúsica –en Buenos Aires, calle Florida– se me acerca un señor de mediana edad, visiblemente emocionado, y me dice que mi música le había devuelto las ganas de vivir. Decime cuán fácil es tocar a un hombre ya curtido por la vida. Cuando te decía lo de transmitir energía, pensaba en este episodio. No es un cuentito buena onda, fue una experiencia real.

¿Con quién te hubiera gustado tocar?

Con Freddie Mercury, con Paul McCartney, con Luis Alberto Spinetta, tal vez con Gustavo Santaolalla. Con Astor Piazzolla. Y agarrate: con Nena, la cantautora alemana. También con Mozart, o tocar piano a cuatro manos con Chopin o con Liszt. Y con el mejor músico que hayan tenido los Neanderthal. Sin embargo tengo cierto temor irracional: encontrar que son unos egomaníacos impermeables que no dejan espacio a los demás. Sería un chasco.
¿Qué canciones te gustan más?

Las depresivas me fascinan. The Show Must Go On, de Queen, o For No One de los Beatles. Ciertos tangos, como La última curda (de Aníbal Troilo y Cátulo Castillo) o Garganta con arena (Cacho Castaña). Eiti Leda de Serú Girán es una obra maestra, porque no se puede saber si es triste, alegre, relajante o estimulante. Mucho tango electrónico me encanta, aunque satura pronto. Lo que últimamente descubrí es el rap argentino, concretamente el grupo Clave de Barrio. Yo tenía cierta suspicacia infundada, pero me llevé una sorpresa muy agradable: bajo una superficie de tristeza incurable hay una fuente de energía, un embrión de supervivencia irrefrenable. Luego, a caballo entre la música popular y la electrónica experimental está el género Dark Ambient, que muchas veces escucho como consuelo: proyectos como Lustmord, Atrium Carceri o Desiderii Marginis. En el mundo clásico, nombres como Liszt, Stockhausen, Messiaen o John Cage pululan en mis auriculares.

¿Cuál es tu estilo de música favorita?

Creo que no lo tengo, y acaso sea mejor así. Así como la alimentación tiene que estar balanceada, con vitaminas, proteínas, carbohidratos y qué sé yo que más, las influencias musicales –culturales en general– tienen que ser variadas. De lo contrario, llegamos muy rápidamente al dogmatismo y de ahí no salimos más. Me atrevo a generalizar: también en la vida diaria o en la política tendríamos que poder acostumbrarnos a escuchar todas las campanas posibles. Ya está, lo dije.

¿Qué querías ser cuando eras niño?

Niño. Y lo logré. Cierto que no tuve más remedio.

¿Cuáles eran tus sueños cuando eras niño? ¿Los llegaste a cumplir?

Me obligaste a pensar para no responder pavadas. Y descubrí algo interesante: las imágenes que recuerdo haber tenido de chico no eran de "lograr ser" algo sino de "estar haciendo" algo (por ejemplo, tocar conciertos). Retrospectivamente, veo que la diferencia es fundamental, porque el objetivo entonces no es estático, se va moviendo con uno. Un objetivo fijo, si no lo alcanzás, podés frustrarte, pero si lo alcanzás entonces te quedás sin objetivos para el futuro. ¿Me enredé mucho?
¿Qué les dirías a tus seguidores acerca de los sueños que tienen de ser alguien en la vida?

Que no se dispersen, porque la falta de concentración envenena el talento.

¿Qué sentís cuando estás en un escenario?

Siento que el mundo está nuevamente en orden. Que las cosas son como deben ser, y que por fin puedo hacer aquello en lo que más rindo. Qué horror, ¿no?

¿Qué proyecto tenés entre manos ahora mismo?

La grabación de una obra para piccolo solo llamada "Shakespeare's Winks" (Guiños de Shakespeare). La solista es Cecilia Piehl, una flautista argentina que reside en Atlanta, EE.UU. La música es de mi autoría. Como armé un minúsculo sello discográfico (Janus Music & Sound), tengo la posibilidad de distribuir esta grabación en plataformas virtuales como iTunes o Spotify. Hasta ahora puede escucharse un avance aquí: http://www.juanmariasolare.com/CD_shakespeares_winks.html

¿Estudiaste en alguna escuela de actuación o música? ¿Hasta dónde estudiaste?

Sí, me gradué en el entonces llamado Conservatorio Nacional de Música (ahora: Universidad Nacional de las Artes, UNA). Luego hice un curso de posgrado de dos años en la Hochschule für Musik Köln, en Colonia (Alemania), y otro en Stuttgart. Ambos en composición musical. Luego hice un pre-doctorado en educación musical en la Universidad Complutense de Madrid.

¿Te gustaba estudiar cuando eras niño?

Se vé que sí. Una amiga (Julieta Tolchinsky, pianista argentina que vive en Israel) me escribió recientemente algo muy lindo, recordando nuestras épocas de estudiantes: "Vos venías a ser un 'miren en lo que se pueden convertir si estudian mucho'." Afortunadamente, yo entonces no tenía ni idea de estar cumpliendo esta función, porque hubiera sido una responsabilidad demasiado grande.

¿Crees que el arte escénico es importante en nuestras vidas? ¿Por qué?

Sobre todo es importante para los que hacen arte escénico. En la vida cotidiana veo mucha gente para la cual no es nada importante. Me gustaría poder decir que cualquier arte es vital para todo el mundo, pero ¡hay tantos contraejemplos!
El nombre de esta página es La Bitácora del Artista, como tal, ¿qué es lo que guardarías en la Bitácora para que otros visitantes vean?

¿Puedo ser sincero? Tuve que ir al diccionario para ver bien qué es una bitácora. Un vergüenza, porque hace como 25 años escribía yo en una revista barrial de Buenos Aires llamada justamente "Bitácora", vinculada al movimiento humanista. Leo que es un "armario fijado a la cubierta de un barco y cercano al timón, donde se pone la brújula". O sea que tiene que ver con la orientación y la guía. Así que guardaría en esta bitácora algo que le sirviera a los demás visitantes. Pondría un espejo agujereado, para que se vieran a sí mismos y a lo que hay más allá de ellos.

¿Qué les dirías a las personas a las que no le gusta actuar, cantar o ninguna actividad artística?

No intentaría persuadirlos de nada. Lo que me parece importante es que a cada uno le brillen los ojos y tenga pasión por algo, sea lo que sea. Algo por lo cual se juegue. Algo que combata la inercia y la desidia, éstos son el enemigo. Si un contador le quita horas al sueño para perfeccionar los métodos para hacer un balance perfecto, eso es lo que tiene valor: su pasión.

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Videos:
"Puma", tangoide moderno para piano, de y por Juan María Solare
https://www.youtube.com/watch?v=ux-PkW9c9Lc

"Melodía de arrabal", de Carlos Gardel - version para piano solo de Juan María Solare
https://www.youtube.com/watch?v=DoL29jV9cXE

"Pasajera eterna"
https://www.youtube.com/watch?v=KBeZFFrVE8g


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