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sábado, 23 de julio de 2016

Hoy entrevistamos a Carolina André, directora de Honorio



¿Cómo fue que surgió la idea de llevar esta obra al teatro?
La idea madre fue de mi compañero Mario Sala. Nosotros éramos un grupo de ex alumnos de la escuela de teatro de Julio Chávez con muchas ganas de concretar algo, pero pasaba el tiempo, y no lo logramos dar con un material que nos apasionara  hasta que apareció Mario con esta idea disparador: tres hijos que van al cementerio a  festejarle el cumpleaños a su padre que murió hace ya 20.

¿Te llevó mucho tiempo el armado de la obra y cómo fue la selección de los actores que la representan?
Sí. Fue un proceso largo, intenso, y feliz de dos años de trabajo creativo que se daba de la siguiente manera: nosotros llevábamos a los ensayos ideas  sobre la que los actores debían improvisar, los grabábamos y después con ese material seleccionábamos lo que creíamos que nos podía servir para darle estructura a la dramaturgia. Por otro lado, estaba la parte de la puesta en escena, que también costó tiempo, trabajo y dinero: quisimos montar un cementerio en escena con sus tumbas, sus objetos, y eso fue muy difícil, pero lo logramos. La puesta es algo raro de encontrar en el teatro off, por su costo y diseño.

Básicamente y sin contarnos el final de la historia ¿Qué nos relata la obra?
La obra trata sobre tres hermanos que  le festejan el cumpleaños 60 a su papá, con la particularidad de que este padre murió hace 20 años y el festejo es  en el cementerio...
Sin solemnidades y con muchos pasajes de humor, Honorio cuenta la relación de un tipo común con  sus tres hijos: Aldo, el mayor,  quien fue el que más lo conoció.  Julia, que fue quien más afectada quedó después de su muerte,  y el más chico, Manuel, que no sabe si lo recuerda o todo lo que sabe de su padre se lo contaron. 
Esa es la apuesta de Honorio, contarnos cómo ciertos vínculos nos marcan más allá de la muerte. 

¿Cuál fue el mayor desafío al momento de empezar a armar las distintas partes de la obra?
Algo que nos pasó cuando arrancamos fue que todos los actores tenían a sus padres y familiares cercanos vivos,  y si bien son actores y pueden crear tal situación, tuvimos que hacer un gran trabajo de grupo: indagar sobre la angustia de la pérdida, también hicimos trabajo de campo en el cementerio, tratando  de entender lo que pasa ahí y ver cómo nuestra cultura honra a sus muertos.  Eso fue muy importante para tener en claro de qué íbamos a hablar en Honorio.
Creo que lo más difícil es encontrar el punto donde ponerle un corte a la obra, poner la gran palabra FIN al texto, porque uno cree que el proceso creativo podría ser casi infinito, uno podría seguir buscando posibles lecturas al texto, sentidos, escenas posibles, pero en un momento hay que tomar la decisión y hacerlo, jugársela, dejar que la obra sea de quien viene a verla y aceptar las consecuencias!!! Jajajaj

¿Qué sentiste cuando terminó la primera función?
Orgullo. Me di cuenta que necesitábamos estrenar, y que aunque pareciera mágico, todos los miedos previos se disiparon, y pude ver una obra que me encantó y que como espectador no te deja afuera, en algún lado te toca, te interpela.

¿Contanos un poco como fue ese paso de la actuación a la dirección?
Fue algo muy natural. Elegí generalmente quedarme detrás de escena: además de entrenarme como actriz, durante mucho tiempo grabé clases de teatro y eso me permitía ver la evolución a través del tiempo de los actores, ver las devoluciones que hacían los maestros, y eso te ayuda a entrenar la mirada.  También trabajo en producción audiovisual  y me siento muy cómoda dirigiendo a actores para castings, es algo que me gusta. Y sobre todo, creo que lo más importante fue hacerlo junto a Mario, a quien admiro y con quien por suerte coincidimos en muchas cosas en relación al trabajo.

Me imagino que después de estos años arriba de un escenario debe haber un tipo de obras teatrales que te gustan más que otras… ¿Cuáles son tus preferidas para actuar y cuales para dirigir?
Jajaja,  ¡no son muchos años! Honorio es nuestra primera creación y te puedo decir que me encantó dirigir y me di cuenta que se puede hablar de un tema complejo sin caer en la seriedad absoluta ni bajar línea y que  puede tener humor, como nos pasa abajo del escenario, si no la vida sería insoportable.
Me encanta cuando veo obras que logran hacerme pisar otra vez el palito. ¿No es increíble que después de tantos años de humanidad, uno se sienta en una butaca,  y ya sabe que lo que va a pasar ahí es mentira, es una representación, y sin embargo a veces se produce el milagro y otra vez ese cuento nos hace viajar? . Cuando pasa eso, me siento feliz, y digo: "Quiero estar ahí". 
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Un poco mas sobre  Carolina André
Actualmente,  Tiene 36 años. Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires y se formó como actriz con Julio Chávez.
Trabaja dando clases y entrenando actores.
En teatro realizó la asistencia de dirección en Matrioshka, de Camila Mansilla en Elefante Club de Teatro (2008).
En el área audiovisual, comenzó en el año 2010 con el lanzamiento del film Fontana, la frontera interior dirigida por Juan B. Stagnaro, desarrollando la estrategia de comunicación y  realizando tareas  de  producción.
En el 2011 trabajó en la producción de Argentina es Música, serie de 13 capítulos dirigida por Juan B. Stagnaro y producida por la Secretaría de Cultura de la Nación para Canal Encuentro.
Durante el 2012, realiza la producción de la serie Faros, la luz de la Civilización dirigida por Alejandro Areal Vélez, ganadora del concurso Serie Documental para contenidos de  tv digital del INCAA.
En el 2013 realiza la preproducción del film El encuentro de Guayaquil dirigida por Nicolás Capelli.
Actualmente  trabaja CASA 7,  productora audiovisual dedicada principalmente al área de publicidad.


 













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