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miércoles, 6 de julio de 2016

Ser de Nadie (Crítica)



Si tengo que nombrar un barrio de Buenos Aires, donde podemos encontrar distintas propuestas teatrales, seguramente vamos a coincidir en que es Palermo. Por eso acepte la invitación de una amiga a ver la presentación para la prensa de “Ser de Nadie” de Mariana Coronado. La cita era en el Teatro La Mueca, Cabrera 4255 C.A.B.A.
TEATRO:
El teatro La Mueca, se encuentra en la calle Cabrera 4255 de la ciudad autónoma de Buenos Aires. En el barrio de Palermo, a unas dos cuadras de la avenida Córdoba y Estados de Israel.
Cuando llegué al Teatro fui recibido con gran cordialidad, y luego de las acreditaciones correspondientes la charla se fue girando en las comodidades del teatro.
El teatro cuenta con una interesante confitería, y un quiosco. Los espacios de espera son acordes a la cantidad de butacas con la que cuenta el Teatro, 150 butacas.



Dada la curiosidad que me caracteriza, me invitaron a ver las instalaciones del mismo antes de que comience la función. Una de las particularidades que cuenta este Teatro, es que el acceso a la sala es perfectamente apto para personas con cierta discapacidad. Pero para ser más exactos cuenta con un espacio en la sala para persona discapacitadas. Perfectamente identificados.








Las butacas son muy cómodas para un evento de 90 minutos. El escenario es amplio. Y la sala se encuentra climatizada. Tanto el sonido como la visión es óptima desde cualquier punto. Los escalones no son pronunciados, lo cual permite ascender en búsqueda de nuestro lugar sin mayores inconvenientes.








Obra:
Cuando entramos a la sala ya se encuentran alguno de los actores en escena. Luego de los pedidos de rigor de que apaguemos los celulares, las luces bajan, sube el sonido y la obra da comienzo.
Rápidamente, entran en escena dos de los personajes de la obra. Y sin mucha introducción nos van mostrando básicamente hacia se orienta la obra. Con gran simpleza y con una buena postura corporal los actores nos van introduciendo en la historia.




La directora de la obra nos propone introducirnos muros adentro de un monasterio, anclado en un lugar donde la nieve hace que su acceso sea casi impenetrable. Como así también nos insinúa pasados oscuros de cada uno de los personajes que van desfilando por la obra. Cada uno de ellos cuenta con un pasado que los rezos, canticos, confesiones y penitencias no han logrado borrar de la memoria de cada uno de ellos… y mucho menos en la del Abad.





Con una actuación sólida y convincente los actores muestran con gran sutileza la dureza de sus penitencias.
Una obra totalmente recomendable, para los amantes del drama.

Agradecimientos:
Silvina Pizarro, muchas gracias por la invitación. Teatro La Mueca, muchas gracias por la atención prestada. Y como es costumbre, muchas gracias al chofer de la Línea de colectivos 140 por llevarme de nuevo a mi casa.





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