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miércoles, 17 de agosto de 2016

Don’t Cry Ceferino (Crítica)



Mientras tomaba unos mates en el living de casa, se escucha decir por la radio que todo estaba preparado para santificación de un beato. Claro está, que de inmediato la charla giro sobre ese tema. En un par de minutos pasamos de una conversación seria y profunda de los pasos para consagrar santo a un beato, a pensar cuánto dinero han puesto los familiares, vecino o hasta un gobierno para tener un santo en sus tierras.
Esto me hizo acordar que había una obra en el Teatro El Tinglado, que se llama Don’t Cry Ceferino de Gonzalo Demaría, con la dirección de Alejandro Giles. Y hacia allá fuimos






Teatro:
Teatro El Tinglado se encuentra en Mario Bravo 948 – C.A.B.A. – cuenta con una capacidad de 150 butacas, con una comodidad acorde a un espectáculo de 90 minutos.
Una vez acreditados, el teatro cuenta con una pequeña confitería donde se puede degustar un buen café mientras se espera que comience la función. Como llegue sobre la hora del comienzo a la función no disponía de mucho tiempo, pero la sala de espera es acorde al espacio de la sala, y el ingreso a la misma no presenta dificultad para personas que cuentan con cierta discapacidad. Cuenta con baño para discapacitados y un cambiador para bebes.
Una vez que todos los invitados hicieron sus acreditaciones se dio apertura a la sala con la previa invitación a que apaguemos los celulares.



Obra:
Ni bien entre a la sala, lo que se veía sobre el escenario era algo así como el hall central de un hotel de pueblo. Mientras que con gran cordialidad el personal del teatro me indico cual era mi ubicación. Se debe aclarar que de cualquier punto de la sala se puede ver como escuchar a la perfección la obra.
Las luces de la sala bajan, y cuando se vuelven a encender ya se encontraban Blanca (Silvia Trawier) y Sixto (Roberto Bobe) en escena. Con el solo hecho de ver como comienza la obra podemos sospechar que se trata de una comedia. 

De una manera campechana y fresca estos dos actores nos van poniendo en situación. Cuando el Padre Chiclana (Fernando Gonet) y el Dr. Rudbeck (Roberto Romano) aparecen en escena, se pone un poco más seria. Cuando estos personajes se presentan, uno de ellos con acento extranjero, mi sensación fue la de un personaje poco trabajado. Claro… esto me duro pocos minutos, ya que empecé a entender de qué se trataba la trama de la obra. Pero esto se lo voy a dejar que Uds. para que lo vayan descubriendo como lo hice yo. No quiero que se pierdan la magia que estos dos personajes despliegan en escena. Pero la frutilla del postre viene cuando aparece en escena Georgette (Carolina Solari) y Don Eugenio (Santiago Vicchi), que de una manera simple y fresca nos terminan de presentar el nudo de la pieza teatral.

Alejandro Giles, director de la obra, ha sabido aprovechar al máximo el potencial de cada uno de los actores. Teniendo cada uno de ellos una labor casi protagónica. Sin fisuras y manteniendo la obra en la comedia, logro que todos los espectadores tuviéramos una sonrisa en el rostro durante todo el espectáculo.
Una vez terminada la obra, los aplausos a los actores fue prolongado. Pero con un condimento que no siempre se ve… que los espectadores de pie aplaudían con una sonrisa y hasta alguna carcajada.

Una obra totalmente recomendable, en la que durante el tiempo que dura el espectáculo, seguramente les van a robar una sonrisa y también una carcajada.





Agradecimientos:
Alicia Nieva, muchas gracias por la invitación. Teatro El Tinglado, muchas gracias por la cordialidad recibida. Y como siempre muchas gracias a el maquinista de la Línea B de subterráneos que me han traído de vuelta a mi casa.





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