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jueves, 4 de agosto de 2016

Entrevista a Sol Bonelli



 

¿Por qué decidiste ser artista?

Personalmente no sé si es algo que se decide. Sí, siento al respecto que me cuesta reconocerme como artista. A veces es como un mantra que intento repetirme, para ordenarme y darme confianza. Y sí me pasó que a raíz de laburos que se me reconocieron, pude yo reconocerme como artista. Pero sinceramente es una definición que me cuesta asumir.







¿A qué edad nació esta pasión por escribir?

Escribo desde chica. Ya a los 10 años escribía cosas en mi diario, planteos, pensamientos, situaciones. En un principio mi escritura tenia que ver con expresar mis sentimientos más crudos. Una forma de análisis. Luego fui jugando más con la ficción y también escribía bastante poesía, sobre todo entre los 16 y los 20 años. Pero mientras estudié Letras me costó seguir escribiendo, no sé por qué una suerte de represión operaba sobre mí. Leés tantos autores y tan buenos que eso debe haber funcionado como freno, calculo. Después largué Letras, porque me di cuenta que era más una formación de crítica literaria y a mí me interesaba estar del otro lado, del que escribe comencé con cursos de dramaturgia con Mauricio Kartun, Mariana Chaud y Lautaro Vilo que me reactivaron en la escritura ficcional y también con el oficio de sentarse a escribir y no esperar a la iluminación de la musa. Como dicen, cuando venga la musa, que te encuentre trabajando. Sin reescritura, la inspiración sola no avanza, eso siento.

¿Cuando comenzó tu camino en la dirección?

A dirigir me mandé, de valiente y de caradura, si querés. Obviamente tenía la experiencia de la escuela de Nora Moseinco, donde me formaba en lo actoral pero bueno, no eran clases de dirección. Igual yo creo que intuitivamente uno aprende por las correcciones que le hacen (la escucha es clave). Dirigir, se fue tornando una carrera profesional en nuestra sociedad. Pero soy muy de pensar que cuando uno tiene algo claro en la cabeza, puede y debería poder hacerlo. “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Yo podría haber pensado que no podía dirigir porque no sabía. O pensar que tenía que dirigir para aprender. Y así fue. Aprendí a los tumbos, con errores, pero siempre desde la pasión de hacer lo que más me gusta. La obra la escribí y la quise dirigir yo, porque ya venía de escribir una serie para T.V., “Se trata de nosotros”, que era un proyecto muy personal para mí y que por distintos motivos, no pude dirigir. Y pensando que el teatro es menos multitudinario, me animé. Los actores del elenco fueron fundamentales porque ellos brindaron muchas herramientas para que yo pueda hacer mi trabajo. También los aportes de una asistente de dirección es clave. Porque cuando una ya está tan metida, es importantísimo tener otra mirada, más distante. Así se pueden ver las múltiples maneras que hay de abordar una escena. Cuando una ya está agarrándose la cabeza porque algo no sale, hay que tomar distancia, tomar otro camino que siempre se llega a algún lado.

¿Cuál es el nombre de tu obra en cartel?

 Flores de Tajy, es mi ópera prima teatral. Está los domingos, en NÜN teatro bar. Lo que resta de Julio y Agosto.

¿Tus padres te apoyaron en este camino artístico?
Sí. Siempre recibí el apoyo incondicional de mis padres y mis hermanas. Creo a veces que me fue más difícil encontrar a mí cuál camino quería seguir, que recibir el apoyo de mi familia.

¿Alguna anécdota en este camino artístico que hoy nos puede robar una sonrisa?
Creo que lo divertido, son los códigos que uno desarrolla con sus actores. Recuerdo que una vez pasando el monólogo de la Naty en un momento Flor (Patruno) hizo un gesto con el pelo y la cabeza Y enseguida le dije, muy “sedal”. Y ella supo exactamente a lo que me refería. Y en esas cosas te reís mucho. Por lo menos yo. Cómo en el apuro también de explicar algo, uno usa comparaciones más populares, que todos tenemos metidas en el inconsciente. Al menos yo creo que me comunico mucho así con los actores. Y me resulta más fácil que hacer una bajada tan profunda. Al menos mientras es en simultáneo. La actuación y las marcaciones.

¿Cuáles eran tus sueños cuando eras niña? ¿Los llegaste a cumplir?
De chica ya quería ser escritora. Así que de alguna manera eso sí lo estoy cumpliendo. También siempre sentí como una necesidad de mirar donde nadie quiere. Que siento que respondo también hoy día a esa pulsión, de justicia y responsabilidad compartida por el otro. Y luego, debo confesar. Yo alguna vez hice una lista de cosas que quería hacer antes de morir. Una era estrenar una obra mía en el teatro. Muchas veces pienso en esa lista, porque la perdí pero siento que fue una determinación tan pura y tan extrema, porque…Qué es lo que uno quiere hacer antes de morir es una consigna, contundente, digamos. Pero bueno, eso es lo que hice. Ahora me falta andar en globo aerostático. Y espero seguir poniendo cosas para hacer también, por supuesto!  


¿Qué les dirías a tus seguidores acerca de los sueños sobre cómo es o quiere ser en su vida?
Que no se los olviden. Y que cumplir sueños, lleva mucho de perseverancia y trabajo. Las hadas madrinas no existen, y mucho depende de la voluntad que le pongamos. Siempre hay desafíos y obstáculos en el camino, pero si uno se mantiene enfocado, todo eso pasa. Y luego se ve el resultado, que en mi caso es Flores de Tajy.

¿Crees que el arte escénico es importante en nuestras vidas? ¿Por qué?
Creo que las actividades artísitcas son inherentes a la especie humana y muy necesarias para liberarnos de tanto sistema etiquetador. Lo que más me gusta del arte es su cualidad revolucionaria de juego. Si tuviese que pensar que es el arte para mí, es juego. Juego con posibilidad de reflexión, es entrega y compromiso con ese juego. Es ponerse en juego y en riesgo. Y en un mundo donde te venden falsa seguridad, creo que ponerse en juego es un acto revolucionario.

¿El nombre de esta página es La Bitácora del Artista, como tal, qué es lo que guardarías en la Bitácora para que otros visitantes vean? Una lupa.

 

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