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sábado, 3 de septiembre de 2016

Entrevista a Julio Ordano y Enrique Dacal



B.A: ¿Cuánto hace que vienen trabajando juntos?
Dacal: En al año 2003, con el montaje de “La piel o la vía alterna del complemento” de Alejandro Finzi en el Centro Cultural de la Cooperación, comenzamos este trabajo en colaboración que se ha mantenido casi sin interrupciones hasta el día de hoy. O sea, ya vamos para largos catorce años de fructífera asociación artística
Ordano: El 12 de julio acabamos de cumplir 13 años de labor conjunta. Uno siempre sueña con trabajar con colegas o grupos por un largo tiempo, Lo estamos logrando.


B.A: ¿Cómo se llevan el uno con el otro y sus cambios de roles en las  diferentes puestas?
Dacal: Muy bien, placenteramente. Nos conocemos hace mucho tiempo y hemos sabido construir un respeto mutuo. Hemos trabajado mucho y muy seguido..., no tenemos tiempo de llevarnos mal...
Ordano: Como un matrimonio bien constituido. Nos valoramos y deseamos seguir juntos, de modo que cada uno aporta lo mejor para el otro y para el trabajo en común. Las tormentas son mínimas y los dos trabajamos para soslayarlas. Es mucho más importante el placer que nos brinda el estar unidos.
B.A: Esta es la tercera puesta de una obra de Juan Mayorga ¿qué es lo que les atrae de un autor español que no han encontrado en uno nacional?
Dacal: He, hemos, encontrado mucho en Mayorga. Este autor depositó en mí, en nosotros, una confianza ilimitada en nuestro trabajo. No nos conocíamos en el 2007 cuando acometimos “Cartas de amor a Stalin”; repitió su confianza en el 2014 con “El chico de la última fila” y ahora, igual, con una obra suya que se estrena por primera vez en el mundo en castellano: “Los yugoslavos”. Se trata de un prolífico y talentoso dramaturgo – tal vez es el escritor teatral más importante de la España contemporánea – que no ha perdido la humildad, de generosa actitud, estimulador que nos favorece a mí y a todo el equipo al momento de internarnos en la interpretación de su mundo como dramaturgo. Mayorga es representado en producciones comerciales de todo el mundo; incluso Francoise Ozon ha llevado al cine (Dans le maison) a su “El chico de la última fila”; no necesita entregar sus libros a dudosas experimentaciones como las que yo y el equipo de trabajo que reúna podamos prometerle. Sin embargo, lo hace. Eso es mucho. Con respecto a su comparación con autores nacionales, siento que no es pertinente. Conozco, y he trabajado con ellos, autores de gran talento con una actitud semejante a la que describo de Mayorga.  
Ordano: Creo ser uno de los directores que más autores argentinos (en particular mujeres) he dirigido.  No se trata de que encuentre en Mayorga cosas que no encuentro en autores nacionales. Cada uno me ha ofrecido cosas distintas y apreciables. Roma Mahieu, Luís Sáez, Bernardo Carey, Sánchez Gardel y muchos otros se distinguen por la creación de mundos muy personales, y poéticas irresistibles. En el caso de Mayorga señalaría su bello y profundo lenguaje, sus originales estructuras y la importancia primordial que tiene el texto y lo que se dice en sus creaciones.

B.A: ¿Cuál es la línea que une los diferentes textos de Mayorga?
Dacal: En sus textos siempre vamos a encontrar reflexiones sobre la condición humana, basadas en los más simples escenarios y en personajes aparentemente sin interés particular. Nada es tan claro ni tan oscuro en las relaciones humanas que este autor construye. En los grises, en esas personas y situaciones sin aparente interés, se producen los encuentros y las tragedias humanas...
B.A: Básicamente y sin contarnos el final de la historia ¿Qué nos cuenta la obra?
Ordano: Nunca lo supe exactamente y eso es parte de su misterio y atractivo. Cuando me toca el rol del actor, no de director, trato de  penetrar el material desde un costado no racional. Para mí se trata de una historia de amor y desencuentro, en la cual un mozo, destrozado porque está perdiendo a la mujer que ama, recurre a un cliente desconocido, pero  elocuente,  para que lo ayude a descubrir que le pasa.  De este modo se conjugan necesidades y soledades para restañar las heridas que deja la vida.
Dacal: Parafraseando a uno de los personajes: En Los yugoslavos, mientras no pasa nada, ocurren cosas importantes. Hay intriga y misterio. Hay equívocos, caprichos, persecuciones absurdas. Y no menos importante, hay una extraña historia de amor...
B.A: ¿Cuál fue el mayor desafío, al momento de empezar a armar las distintas partes de la obra?
Dacal: El espacio..., poder decidir el espacio en que la peripecia tendrá lugar. Ese, para mí, siempre es el mayor desafío. Es la primera gran dificultad que hay que vencer para tentar la construcción de un mundo teatral verosímil.
B.A: ¿Julio, qué desafíos encontraste en este nuevo personaje y si tienen diferencias con los otros roles que has tenido en las otras obras de Mayorga?
Ordano: No suelo vivir en pos de desafíos.  Más bien de encuentros. Me enfrento con algo que me gusta y procuro hacerlo mío.  Los personajes de Mayorga me han permitido ser un payaso omnipotente (Stalin),  un profesor hastiado,  petulante e incomprensivo (El chico de la última fila), y un perdedor angustiado en Los Yugoslavos. Aprecio aquellos  personajes que me estimulan a modificar mis conductas.
B.A: ¿Llevó mucho tiempo el armado de la obra y cómo fue la selección de los actores que la representan?
Dacal: Yo creo que, luego del problema del espacio, el otro gran porcentaje de la tarea del director teatral es la elección de los actores. Me jacto de haber elegido muy bien; supe favorecer mi trabajo posterior...
B.A: Me imagino que después de estos años arriba de un escenario debe haber un tipo de obras teatrales que les gustan más que otras… ¿Cuáles son tus preferidas para actuar y cuales para dirigir?
Dacal: En mi caso, para dirigir, me gusta toda obra teatral que desde la lectura me provoque el comienzo de un sueño, casi de una obsesión. Me gusta toda obra que me provoque la necesidad de “pasar a la acción”. Cómo actor..., no lo tengo claro. Mi experiencia es mucho más corta en ese rol; pero se darme cuenta cuando no puedo resistir decir “en alta voz” algunas palabras escritas a las que, vaya a saber por qué, les encuentro música y posibilidad transformadora...
Ordano: Para actuar, Chejov; para dirigir, Chejov.
B.A: ¿El nombre de esta página es La Bitácora del Artista, como tal, qué es lo que guardarían en la Bitácora para que otros visitantes vean?
Dacal: Cuentos...cuentos y pequeñas novelas, otros mundos, simplemente: Kafka, Borges, Poe, Thomas Mann, Cortázar, Saer, Joyce, Beckett---, y siguen las firmas...
Ordano: Dejaría algunos conceptos: honestidad, atrevimiento, ética y rigor en el. trabajo, para que vean de no separarse de ellos.








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