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viernes, 29 de julio de 2016

Honorio (Crítica)



La tarde se presentaba tranquila, los papeles de la oficina estaban al día. Y el sonido de una llamada telefónica rompe con esa aparente tranquilidad. Me acerco al teléfono, y atiendo la llamada. Se trataba de un excompañero de la primaria. Uno de esos locos lindos que cada tanto cambian de trabajo en búsqueda de nuevas aventuras.
Hacía más de dos años que no sabía nada de él. Y en pocos minutos me puso al tanto de todo.
Me conto que estaba trabajando de sereno en un cementerio de una  ciudad del interior, que ahora exactamente no recuerdo. Y esta demás decir que, en unos pocos meses de trabajar ahí, ya tenía más de una anécdota para contar.
Luego de casi más de dos horas de conversación, va de un monologo de su parte, quedamos en encontrarnos un domingo para comer juntos y seguir con sus anécdotas.
Luego que corte, me vino a la mente una pieza teatral… “HONORIO”, que presenta su segunda temporada en el Teatro/Bar El Método Kairos. Y hacia allá me dirigí.
TEATRO:
El Teatro/Bar El Método Kairos, se encuentra en El Salvador 4530 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Luego de hacer las acreditaciones correspondientes, solicite la autorización para tomar algunas fotografías.
El teatro cuenta con dos salas, una de ellas con capacidad de 100 espectadores y otra con 40. Ambas salas cuentan con acceso a personas con cierta discapacidad. También cuenta con un bar donde se puede degustar un buen café, y por sobre todas las cosas, para los que somos algo golosos, cuentan con algunos productos artesanales. Como así también unas deliciosas empanadas. La sala de espera, como el bar son acordes a la capacidad de las salas teatrales. Mientras recorría el Teatro, me encontré con Matías Puricelli, una de las autoridades del espacio. Al cual luego de las presentaciones correspondientes, le hice algunas preguntas que me despertaban curiosidad. Entre ellas estaba, ¿Qué es El Método Kairos? lo cual me lo respondió con mucha simpleza… en el ingreso al teatro esta la definición. Y esta demás decir que luego de terminar la charla me acerque hacia la entrada del teatro encontrándome con esta leyenda…
“…Es por eso que existe, en ese milisegundo entre el blanco y la creación, un instante cero. Un silencio ensordecedor, en que todos somos artistas o en el que nadie lo es. Y de ese estado de honesta imperfección surge el arte: Un instante dispuesta a llenar el vacío. El instante cero.
OBRA:
Ni bien nos dan la bienvenida al teatro, nos solicitan que por favor apaguemos los celulares, y nos invitan a ingresar a la sala. Una de las cosas que me impacto y al mismo tiempo me robo una sonrisa, fue que el escenario básicamente era un cementerio. Y fue inevitable acordarme de mi excompañero de la primaria.

Una vez ubicado en la butaca correspondiente, podríamos decir que desde cualquier punto de la sala se puede ver y escuchar a la perfección. En mi caso decidí estar en la última fila, me pareció un buen lugar para observar tanto la obra como la reacción de los espectadores.
Las luces de la sala, se bajan. Y el ingreso de los actores se da de una manera bastante particular. Con una linterna que apenas alumbra. En ese momento pensé que me iba a encontrar con una comedia, y me acomodé en la butaca para disfrutar de la función. Pero muy lejos estaba de eso.
La obra cuenta, que tres hijos van al cementerio a festejar el cumpleaños número 60 de su padre, que había fallecido hace ya 20 años. Y de ahí, una serie de acontecimientos y sucesos que van de lo absurdo de la situación, al drama de tres hijos frente a la tumba de su padre. Navegando entre lo imaginario y lo real, la directora de la obra Carolina André junto con Mario Sala, han puesto  el equilibrio justo a cada uno de los personajes. Que Carlos Cerletti como Aldo Silva, Victoria Raposo como Julia Silva, Juan Games como Manuel Silva, Mario Sala como Honorio Silva (el finado), y Santiago Vicchi es José Márquez (el sereno del cementerio), supieron interpretar. Aunque en algunos momentos de la historia este equilibrio se rompe. Y ese momento es el dialogo imperdible entre Julia Silva y su padre. Eso se percibe entre las sonrisas y los silencios de los espectadores.



Una vez terminada la obra, un largo aplauso de los espectadores, hizo que emocionara a los actores y alguno de ellos entre lágrimas saludaran al público.
La obra me movilizó, y en especial la actuación de Victoria Raposo, que tal como le dije la directora de la obra, “Me hizo sufrir demasiado”
En lo personal es una obra que se las recomiendo.








AGRADECIMEINTOS:

Walter Duche, muchas gracias por la invitación. El Teatro/Bar El Método Kairos, muchas gracias por la atención prestada. Y como siempre muchas gracias al maquinista de la Línea B de subterráneos por traerme de vuelta a mi casa.




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