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miércoles, 13 de julio de 2016

Terrenal (Crítica)





Si hay un lugar en Buenos Aires donde se respira Teatro, ese lugar es la avenida Corrientes. Prácticamente nos encontramos con un teatro cada dos pasos. Pero por una de esas cosas del destino, decidí caminar un poco por la Avenida Diagonal Norte, y me encontré con un mítico teatro. Al 900 de la Avenida Roque Sáenz Peña se encuentra el Teatro Del pueblo.


Teatro:
El teatro Del Pueblo, esta apenas a unos 100 metros del Obelisco porteño. En el sótano del emblemático edificio Diagonal Norte.
Para acceder al mismo, hay que bajar unas pronunciadas escaleras, pero para las personas con cierta discapacidad, el Teatro cuenta con un ascensor que los conduce tanto a la boletería como a las salas con que cuenta el complejo.
Luego de acreditarme ante la boletería, que fui atendido con gran simpatía, me acerqué a hacer algunas consultas a dos Srtas. que oficiaban de recepcionistas de los espectadores. Luego de una charla amena y con gran predisposición hacia las consultas, me acerque al salón donde se esperaba para el ingreso a la sala.
Un sonido muy agradable sonaba en el ambiente. Por momentos pensé que se trataba de una música funcional central del teatro. Aunque cuando recorrí un poco con la mirada, observe con gran sorpresa que se trataba de un músico en vivo con una guitarra criolla. Ese detalle hizo que la espera, para que comience la función sea mucho más amena y agradable.
La sala donde se presenta la obra cuenta con 250 butacas, y la comodidad es acorde a una función de 90 minutos.




El escenario es muy amplio, y a simple vista se puede observar dos cosas. La primera, la profundidad con la que cuenta el escenario, y la segunda que esta dividido en tres partes hacia el fondo.
Los telones son muy antiguos, lo que hace más bello aun la escenografía.






Obra:
Mientras los espectadores nos estábamos acomodando en sus respectivos asientos, veíamos pasar los actores sobre el escenario. Algo que me llamo poderosamente la atención. Estaban sumamente concentrados, caminando por el fondo del escenario. Aunque cada tanto levantaban la mirada para ver como los espectadores se ubicaban en sus asientos.
Una vez que el público se encontraba perfectamente ubicado, de a poco se empezaron a apagar las luces, y una voz en off nos recordaba que debíamos apagar los celulares. Y que por favor no saquemos fotografías del evento durante la función.
Ni bien entran los actores en escena, nos empiezan sin vueltas a contarnos la historia. A Caín y Abel, el Tatita los había dejado a su suerte en un terreno baldío. Y a partir de ahí cada uno de ellos comenzó a recorrer el camino de la vida durante 20 años.
Caín construye su casa y comienza su emprendimiento, que según para él, es un orgullo mostrarle al Tatita a su regreso.
Abel, con menos apegos a la parcela que eligió, comienza a expresar sus dudas ante Caín por la demora en el regreso de Tatita, y toma una decisión, y resuelve: “El me olvida, yo lo olvido”.
Hasta que aparece en escena TATITA…
Con diálogos impecables, actuaciones excelentes y con miradas cómplices hacia el público, la obra transita en un drama con ribetes de comedia.
La presencia de Tatita en el escenario es imponente, cuando se lo propone y lo exige el personaje. Y de un Hombre bonachón para que en determinados momentos nos roben carcajadas.
Fueron 90 minutos donde se mezclaron todas las sensaciones que un espectador puede esperar de una pieza teatral. Desde el drama, la comedia y el humor… sin perder nunca el hilo de la historia. Esto solo se puede logra cuando en el escenario hay actores de la talla de Claudio Da Passano, Claudio Martínez Bel, Claudio Rissi.

Una obra totalmente recomendable.







Agradecimientos:
Simkim – Franco, muchas gracias por la invitación. Teatro Del Pueblo, muchísimas gracias por la excelente atención recibida. Y como es costumbre muchas gracias al colectivero de la Línea 140 por llevarme de vuelta a mi casa.










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