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domingo, 7 de agosto de 2016

JAMAS ME LEVANTO LA MANO de Marcos Casanova (crítica)





Que mejor plan para un fin de semana, que ir a ver una obra de teatro. Y en esta oportunidad se encontraba mi hijo adolescente en mi casa, al que invite y acepto de inmediato.
La propuesta teatral era JAMAS ME LEVANTO LA MANO de Marcos Casanova, que se presenta en el Teatro TADRON. Y hacia allá nos dirigimos.







TEATRO:
El TEATRO TADRON, se encuentra en la calle Niceto Vega 4802 – C.A.B.A. -  Básicamente es un bar muy pequeño, propio de la zona, donde tiene algunas propuestas teatrales, entre las cuales las que venimos a ver. Cuenta con una capacidad de aproximadamente 60 butacas, y un escenario central, con gradas a los costados del mismo. La comodidad de la butaca es acorde al estilo del teatro y aceptable a un espectáculo de 60 minutos. El acceso a la sala, está adaptado para personas con cierta discapacidad. No cuenta con una sala de espera, lo que hace que en algunas ocasiones los espectadores deben esperar fuera hasta que se le dé apertura de la sala.
El Bar, parece bastante interesante, ya que por lo se puede ver cuenta con una carta variada, para que la espera, sea agradable.

OBRA:
Cuando se abren las puertas de la sala, nos invitan a que ingresemos, previamente nos solicitan que apaguemos los celulares.
Ni bien ingresamos a la misma, se observa que una de las dos protagonistas de la obra ya se encuentra en escena. Sentada en una silla de ruedas.
Una vez acomodados en nuestras butacas, se bajan tenuemente las luces y se da comienzo a la función.
La obra es un drama que viven Fátima (Romi Pinto) y Naiara (Malena Luchetti), que conviven como se puede apreciar en una vivienda muy precaria. Donde pasan días tras día en una constante de reproches y agravios verbales.
En varios puntos de la obra, el drama se transforma en una comedia del absurdo, haciendo que nos roben algunas sonrisas inesperadas.

El director de la obra, Cristian Majolo, supo aprovechar al máximo el potencial de ambas actrices.  Pero para esto se ensayó más de 6 meses, de dos a cuatro horas por día. Eso se vio reflejado en la obra. Donde la fluidez de los diálogos entre ambas en ningún momento se vio cortado. Otro de los puntos con que el director y las protagonistas debieron trabajar y mucho es el tener al público dividido en dos partes… uno a cada lado del escenario. Esto hace que en algunas oportunidades la escena se repetía, para que los espectadores de ambos lados interpretaran lo que sucedía.
AGRADECIMIENTOS:
Romi Pinto, muchas gracias por la invitación. Teatro Tadron, muchas gracias por la atención prestada. Y como siempre muchas gracias al maquinista de la Línea B de subterráneos que me trajo de vuelta a mi casa.










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